Las reflexiones de Anatomía de Grey
Cuanto menos sale Meredith Grey en el capítulo y menos interviene en su argumento más me gusta: resulta más divertido y a la vez me hace plantearme más cosas. Ese es el caso…
El último capítulo que Cuatro emitió de “Anatomía de Grey”, titulado “Un mundo feliz” me resultó terriblemente interesante. En esta quinta temporada Grey seguía teniendo demasiado protagonismo y eso no me gusta nada, como ya os conté.

Pero en este capítulo cuatro me encantó el giró que ha dado Cristina Yang, una de mis favoritas: plantearte si merece la pena todo el sufrimiento que hay que asumir para conseguir ser la mejor en un trabajo que te apasiona o si sucumbir a la paz y la felicidad que puede proporcionarte un trabajo más agradable y fácil. ¿En mi caso? No diré cuál es pero tengo muy clara cuál sería mi decisión.
Y por otra parte, la frase que Karev le dijo a Izzie al final del capítulo, me hizo pensar: “Estoy tan cabreado… y eres la única persona en el mundo con quien puedo pagarlo”. Por la cara de Izzie me pareció que lo encontraba incluso romántico pero a mí, es el tipo de frase y el tipo de personas que me ponen un poco enferma.
¿Cómo se puede tener el cuajo de decir tranquilamente a alguien a quien quieres que estás castigándole injustamente para descargar tu ira contenida? ¿Y cómo se puede tratar de justificar eso mediante la confianza, la amistado o el amor? Lo pero no es eso, es que hay quien está al otro lado y se deja castigar, sin defenderse, sin decir basta, sin parar esa tortura sentimental que no debería permitirse.
Creo que me he puesto demasiado sentimental. Por eso, terminaré diciendo que solté una carcajada con la cara de pasmo que se le quedó a Miranda Bailey cuando la Dra. Torres le contóa su romance con la Dra. Hant.






















